A lo largo de los años, la calidad ha pasado de ser un mero relleno de papeles a algo que ayuda a la mejora de las empresas. Pero para ello todo el personal de la empresa debe creer que es bueno.
La gestión de la calidad hay que verla como un método ya establecido en el que, a partir de técnicas organizativas, se implanta un sistema de trabajo que él mismo tiene sus propios mecanismos para la mejora continua. Es el círculo de Deming: PLAN – DO – CHECK – ACT
- PLAN . El primer paso es la planificación. Hay que analizar todo lo que hay que hacer, ponerlo por escrito y divulgarlo a toda la organización.
- DO. Es el momento de actuar. Todo lo que se ha planificado hay que llevarlo a cabo cumpliendo los procedimientos escritos y registrando los resultados.
- CHECK. Pero alguien ha de comprobar lo que se está haciendo. Hay que comparar la Planificación con lo que se Hace y ver las desviaciones que se producen.
- ACT. En función de esas desviaciones hay que actuar, modificar lo que no sea correcto y volver a planificar en función de los resultados obtenidos. Es la retroalimentación que consigue la MEJORA CONTINUA.
El estándar internacional para la implantación de un sistema de gestión de la calidad es la Norma ISO 9001.
Esta norma está en funcionamiento desde los años 80 con diversas modificaciones. En sus comienzos había una familia de normas que era la serie ISO 9000. Las 9001, 9002 y 9003 eran certificables y su aplicación estaba en función del tipo de empresa, pero todo ello se fundió en una única norma válida para todo tipo de organización. El hecho de seguir una norma que lleva en funcionamiento tantos años es una garantía de éxito, siempre que su aplicación se haga con racionalidad y sea la norma la que se adapte a la empresa y no la empresa la que se adapte a la norma porque en ese caso el sistema se rigidiza y hace inviable su aplicación.
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